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SER COHERENTE, O CAMBIAR

Publicada el 14 de mayo de 202614 de mayo de 2026 por José Ramón Entenza

O de la rigidez extrema

Durante mucho tiempo aprendemos que ser coherente es una virtud. Mantener una línea, sostener las decisiones, no contradecirse. Hay algo en esa idea que transmite solidez, fiabilidad, incluso una cierta forma de integridad. Una persona coherente parece alguien que sabe quién es y actúa en consecuencia. Esa imagen tiene fuerza, y, en muchos casos, tiene razón de ser.

La coherencia nos permite construir una identidad reconocible, dar continuidad a lo que hacemos, evitar que nuestras decisiones dependan únicamente del impulso del momento. Sin un mínimo de coherencia, la vida se disolvería en una sucesión de elecciones inconexas. No habría dirección, ni sentido, ni posibilidad de construir algo a lo largo del tiempo.

Pero, como ocurre con muchas ideas que funcionan bien en un primer nivel, la coherencia también tiene su límite, porque la vida no es estática. Lo que pensamos cambia. Lo que valoramos evoluciona. Lo que en un momento parecía evidente puede dejar de serlo. Y en ese movimiento aparece una tensión que no siempre sabemos resolver: ¿hasta qué punto debemos mantenernos fieles a lo que hemos sido, y en qué momento es más honesto reconocer que ya no somos exactamente los mismos?

La coherencia, llevada al extremo, puede convertirse en una forma de rigidez. No porque implique necesariamente una falta de inteligencia o de sensibilidad, sino porque introduce una presión silenciosa: la necesidad de no contradecirse. De sostener una imagen previa incluso cuando la experiencia ha empezado a cuestionarla. De seguir siendo fieles a una versión de nosotros mismos que, en realidad, ya ha cambiado.

Esa presión no siempre es evidente. A veces se manifiesta como una incomodidad difusa, como la sensación de estar defendiendo ideas que ya no nos representan del todo, o de continuar en una dirección que ha perdido sentido, simplemente porque cambiar implicaría reconocer una ruptura. Y esa ruptura no es fácil.

Cambiar no consiste solo en modificar una opinión o tomar una nueva decisión. Implica, en cierto modo, revisar lo anterior. Aceptar que hubo un momento en el que pensábamos de otra manera, que tomamos decisiones con otra lógica, que fuimos coherentes con algo que ahora vemos de forma distinta. Por eso, en muchas ocasiones, preferimos mantener la coherencia externa antes que asumir esa revisión interna.

Sin embargo, si lo observamos con cierta distancia, la evolución no es necesariamente una contradicción. Puede ser, de hecho, una forma más profunda de coherencia. Ralph Waldo Emerson escribió que una coherencia rígida es el refugio de las mentes pequeñas, no en un sentido peyorativo, sino para señalar que la vida intelectual y personal exige una cierta capacidad de cambiar. No de manera arbitraria, sino en respuesta a lo que se va comprendiendo. También Friedrich Nietzsche insistía en la idea de que el pensamiento no es algo fijo, sino algo que se transforma. Que permanecer fiel a una idea por el mero hecho de haberla sostenido en el pasado puede ser una forma de negarse a seguir pensando.

Ambas intuiciones apuntan en la misma dirección: la coherencia no debería entenderse como inmovilidad, sino como fidelidad a un proceso. Aun así, el equilibrio no es sencillo, porque tampoco todo cambio es valioso. Existe una forma de inestabilidad que no responde a la evolución, sino a la falta de criterio.

Cambiar constantemente sin una razón clara, adaptar las opiniones a cada circunstancia, evitar cualquier compromiso duradero. Esa forma de flexibilidad puede parecer apertura, pero en realidad es otra forma de inconsistencia. Entre la rigidez y la volatilidad hay un espacio más difícil de habitar. Un espacio en el que la coherencia no se mide por la repetición de lo mismo, sino por la relación entre lo que pensamos, lo que vivimos y lo que aprendemos. En ese espacio, cambiar no es traicionar el pasado, sino integrarlo, es reconocer que lo que fuimos tenía sentido en su momento, pero que ya no define completamente lo que somos ahora.

Eso requiere una forma particular de honestidad, la honestidad de decir: “pensaba esto, ahora pienso otra cosa”. Sin necesidad de justificarlo en exceso, pero tampoco de ocultarlo. Sin convertir el cambio en un gesto dramático, pero tampoco en algo trivial. Y, sobre todo, sin perder de vista que la identidad no es un bloque fijo, sino algo que se construye en el tiempo.

Quizá por eso la verdadera coherencia no consista en mantener siempre la misma posición, sino en mantener una relación viva con la propia experiencia. Escuchar lo que cambia, revisar lo que ya no encaja, ajustar el rumbo cuando es necesario. No se trata de abandonar lo anterior, sino de no quedar atrapado en ello.

Porque hay una forma de coherencia que tranquiliza, que simplifica, que evita tensiones. Pero hay otra, más exigente, que implica sostener la complejidad de una vida que no se repite a sí misma. Entre ambas, no siempre es fácil elegir. Pero tal vez la pregunta no sea si debemos ser coherentes o cambiar, como si fueran opciones excluyentes, sino qué significa realmente ser coherente cuando la vida, inevitablemente, nos transforma.

Y quizá la respuesta no esté en aferrarse a lo que fuimos, ni en cambiar por cambiar, sino en algo más sencillo y más difícil a la vez: seguir siendo honestos con lo que somos ahora.

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2 comentarios en «SER COHERENTE, O CAMBIAR»

  1. Maurizio dice:
    19 de mayo de 2026 a las 15:49

    Grazie José. Un testo che mi ha saputo parlare, guardandomi dritto negli occhi. In privato quasi. E il mío io più íntimo solo parla italiano…

    Responder
    1. José Ramón Entenza dice:
      28 de mayo de 2026 a las 21:40

      Me alegro amigo que te haya calado el texto, espero que en el sentido positivo que siempre intento transmitir en mis ideas. Gracias por compartirlo. Abbraccio.

      Responder

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Sobre el autor

Soy José Ramón Entenza, natural de Marín, en Pontevedra, Licenciado en Ciencias Físicas, Graduado en Farmacia y Licenciado en Derecho. He cursado estudios de doctorado en Inteligencia Artificial, y he publicado artículos de divulgación científica en diversas revistas especializadas y realizado numerosas ponencias internacionales de carácter científico... [leer más]

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