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LA FABULA DE LOS TRES HERMANOS

Publicada el 8 de enero de 20266 de enero de 2026 por José Ramón Entenza

O un problema físico sin solución

Estaba dejando volar mi imaginación para encontrar alguna idea para este post, algo refrescante después de un periodo de reflexiones trascendentales y pensamientos profundos. Para mí, la ciencia es una ráfaga de aire fresco. En realidad, me vino a la cabeza la canción que Silvio Rodríguez que da título a esta publicación. Evidentemente, el cantautor cubano no busca un trasfondo científico, habla sencillamente de tres hermanos que toman una actitud distinta uno de otro cuando deciden abandonar el hogar común y lanzarse al camino, con la intención de llegar lo más lejos posible. Obviamente es una metáfora de las diferentes maneras con que podemos enfrentar la vida, lo cotidiano con sus problemas y sus derivadas.

Pero el final de la canción deja en el aire que cualquier camino tiene un límite, que no hay una fórmula perfecta para recorrerlo entero. Y esto si que tiene mucho que ver con la ciencia en cuanto a que se plantea una cuestión, una ecuación, de la que se concluye que no hay una solución que la resuelva.

De la fábula de los tres hermanos, mi mente saltó al problema de los tres cuerpos, de moda no hace mucho por una miniserie muy interesante de una de las plataformas de streaming, Netflix creo. Desconozco de dónde surge la idea de la serie y el alcance que autores, guionistas o director guardan tras la idea, pero, como verás, el tema es complejo y de largo recorrido: se trata de un problema de mecánica clásica que surge de tomar las posiciones y velocidades de un sistema de tres cuerpos sobre los que la fuerza de la gravedad mutua los hace depender a unos de otros. Como intentaré explicarte, se trata de un sistema caótico y, por eso, no existe una solución cerrada para establecer el movimiento, posición y velocidad de los cuerpos en el futuro.

En Física, cuando hablamos de un sistema, nos referimos a una parte del mundo que decidimos aislar para poder estudiarla. Definir un sistema no significa separarlo realmente del resto del universo, sino establecer qué variables vamos a observar y qué intercambios vamos a tener en cuenta. En la práctica, casi ningún sistema es completamente aislado: la mayoría intercambia energía, materia o información con su entorno.

Durante mucho tiempo se pensó que, con suficiente información, cualquier sistema podría predecirse con exactitud. Hoy sabemos que esto solo es cierto para sistemas muy simples y durante periodos cortos. En cuanto aumentan las variables y las interacciones se vuelven no lineales, aparece lo que en Física se conoce como caos (teoría del caos). No se trata de ausencia de leyes: el sistema sigue reglas muy precisas. El problema es que pequeñas diferencias en el punto de partida crecen rápidamente con el tiempo, hasta hacer inútiles las predicciones detalladas a largo plazo.

Este límite no depende de nuestra voluntad ni de nuestra capacidad de cálculo, sino de la propia dinámica del sistema. A partir de cierto horizonte temporal, la información inicial necesaria para predecir con precisión sería tan grande que resulta inalcanzable en la práctica. Por eso, en sistemas complejos, la Física no habla de control absoluto, sino de seguimiento, ajuste y corrección continua.

La entropía introduce otro elemento clave. En términos científicos, la entropía mide cuántas configuraciones internas distintas son compatibles con lo que observamos a gran escala. Cuantas más posibilidades internas tiene un sistema, mayor es su entropía. En sistemas grandes y aislados, la entropía tiende a aumentar con el tiempo, lo que limita la aparición de orden global sostenido.

Como hemos comentado, la mayoría de sistemas reales no están aislados. Un sistema puede mantenerse estable y ordenado, sí, pero ese orden no es gratuito: requiere flujo constante y disipación. El mantenimiento de cualquier estructura organizada es un proceso activo, no un estado permanente.

Cuando juntamos estas ideas —complejidad, caos y entropía— aparece una conclusión estrictamente científica: los sistemas grandes, con muchas variables y largos horizontes temporales, no se describen bien mediante planes rígidos y predicciones detalladas. Funcionan mejor cuando se observan en intervalos más pequeños, donde las variables son manejables, el error es corregible y el comportamiento sigue siendo legible.

La Física no dice que renunciemos a comprender los sistemas complejos. Dice que debemos elegir bien la escala a la que los observamos. A escalas adecuadas, incluso sistemas muy complejos pueden entenderse, ajustarse y mantenerse lejos del equilibrio durante un tiempo.

Ese es el punto en el que la ciencia deja de prometer certezas y empieza a ofrecer algo más útil: criterios para no pedirle a un sistema lo que, por su propia naturaleza, no puede dar.

Pero volviendo a la serie, el problema de los tres cuerpos se utiliza como un juego virtual cuya finalidad es ejercer un cierto efecto sobre el jugador (no quiero desvelar la trama). No es la única interpretación que encontraremos de este fenómeno, ya que aparecen por todas partes relaciones con contextos y dogmas espirituales. Por ejemplo, la filosofía del yoga describe al ser humano con tres cuerpos principales: físico, astral y espiritual,  compuestos por cinco capas conectadas entre sí por una suerte de energía vital (prana), que revelan el verdadero yo.

No se termina aquí. Es patente y significativa la relación de este fenómeno con otros elementos científicos y tecnológicos como la nanotecnología, la inteligencia artificial y la teoría del caos. Ya hemos hablado de entropía, ir más allá complicaría mucho la comprensión del problema. Así, lo dejaremos en esa advertencia importante: todo sistema real está abierto, siempre hay influencias externas, energía que entra y sale, variables que no controlamos. Por eso, cuando hablamos de predicción, la Física no promete certezas, sino límites.

Curiosamente, cuando reducimos el marco temporal, el sistema vuelve a ser legible. Un día sí puede observarse, un día sí admite ajustes. No porque sepamos más, sino porque interactúan menos variables. Pero no podemos ir más allá en cuanto al comportamiento futuro del sistema.

Como en el caso de los tres hermanos, sólo nos queda aventurar, decidir una estrategia para el camino, sin más pretensión que avanzar lo más lejos posible.

Quizás algún día este problema se resuelva y esta certeza salte por los aires. No sería la primera vez.

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1 comentario en «LA FABULA DE LOS TRES HERMANOS»

  1. Maurizio dice:
    13 de enero de 2026 a las 15:50

    Me has hecho pensar a tu peculiar forma de escribir una novela. Come va formándose la historia, en su desarrollo sempre in fieri, sin proyectos rígidos. Un poco como el sistema de los tres cuerpos que nos cuentas: jamás alcanza el reposo.
    Nunca me has parecido alguien que trabaja sobre una forma cerrada, sino que observas, corriges y vuelves a lanzar el sistema al movimiento. La trama se escribe mientras se piensa, y se piensa mientras se escribe: un equilibrio inestable. Y, también aquí, el caos no es un error, sino la condición misma de la creación.
    Inútiles hacer predicciones demasiado «lejanas», también en el caso del sistema «novela»: resultaría un organismo muerto, desde el principio.
    En fin, creo que en tu caso, como en pocos, cobra sentido la expresión que dice que el escritor es también su primer lector.

    Responder

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Sobre el autor

Soy José Ramón Entenza, natural de Marín, en Pontevedra, Licenciado en Ciencias Físicas, Graduado en Farmacia y Licenciado en Derecho. He cursado estudios de doctorado en Inteligencia Artificial, y he publicado artículos de divulgación científica en diversas revistas especializadas y realizado numerosas ponencias internacionales de carácter científico... [leer más]

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