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EL OTOÑO COMO TRANSICIÓN EMOCIONAL

Publicada el 13 de noviembre de 202513 de noviembre de 2025 por José Ramón Entenza

O la llegada del tiempo lento

El otoño es una estación liminal, que existe entre dos estados en transición, no es un final de etapa, pero tampoco un comienzo. Es innegable que es una estación de cambio muy evidente: los ritmos varían con la luz, llega el frío, retorna la lluvia e incluso algo de nieve, los colores se vuelven pardos donde antes eran verdes o dorados, el azul se convierte en gris. Los olores son diferentes, la tierra huele a húmeda, el humo de la chimenea o de los puestos de castañas despierta otras memorias dormidas durante la primavera y el verano. Y el clima, en general, invita a la introspección, pasamos más tiempo en casa, más tiempo en familia y en soledad.

El contraste existe: vivimos con prisa, celebrando llegar los primeros, producir más, anticiparnos, ser los mejores, los más veloces. Sin embargo, cada año, sin pedir permiso, el otoño y el invierno aparecen como un recordatorio silencioso de que el ritmo natural de la vida no lo marcamos nosotros, de que la velocidad natural de las cosas es la cadencia, la calma. Que la reflexión es más productiva y saludable que la agresividad o la impulsividad, que escuchar ofrece ventajas sobre hacer oídos sordos, y que no debemos forzar una máquina hecha para compatibilizar la actividad y el descanso, la prisa y la pausa, lo social y lo personal.

Las luces parecen distintas en otoño, la música también, nosotros mismos somos diferentes: miramos más a nuestro alrededor, nos preguntamos por qué todo se ralentiza, por qué los demás de pronto parecen ir a cámara lenta, el tiempo se desacelera. Y este cambio es el más íntimo y personal del año, el más introspectivo. La sensación es que se presenta la ocasión de cargar las baterías después de un desgaste estival, de una vorágine de actividad y estrés. Y esto nos lleva a pensar en la oportunidad de hacerlo mejor después de una época de paz y reconversión que volverá a gobernar nuestro día a día el próximo año.

Ahí es donde yo veo la mayor influencia de la estación otoñal, en la esfera interior de cada uno de nosotros. Sí, hay melancolía en el aire, romanticismo, magia incluso. Además, la naturaleza nos da la pauta del nuevo ritmo: los árboles dejan caer sus hojas con calma, sin alteraciones, lo que representa para ellos una promesa de evolución y de un nuevo despertar más allá de esta época. Los animales, a los que gobierna el instinto, cesan en sus aventuras y actividades, se retrotraen a sus madrigueras y a sus familias, en ese ciclo de la vida que dibujan cada giro del sol alrededor de nuestro planeta. La propia tierra guarda con celo sus semillas en su interior, como protegiéndolas de las duras condiciones del exterior, alimentándolas para el momento oportuno. Otra promesa de crecimiento y despertar en la que el ser humano, lo quiera o no, se siente reflejado, tal vez obligado, como parte que es de la naturaleza.

El ciclo de la vida, las estaciones, No es una novedad, es una estrategia de supervivencia, tan antigua como la propia vida. Por eso sentimos una llamada interior que nos pide replegarnos, volvernos hacia sí mismos. La biología empuja: el cuerpo nos pide calor, refugio y descanso. Y, no es sorprendente, la mente es una parte más del fenómeno, y nos pide menos ruido, menos estrés, paz y reconocimiento de su existencia. Todo el ecosistema, la homeostasis y nuestra humanidad, nos piden caminar sin un destino fijo y sin ruta, sin mapa, sin reloj, sin objetivos. En la intimidad, algo casi imposible en las estaciones anteriores, que son otra parte de ese ciclo de la vida en la que experimentamos otro tipo de sensaciones. La música que nos envuelve y acompaña, la luz que nos da un calor que trasciende lo físico, una calidez espiritual. Los pequeños rituales que vuelven, un té, un café a media tarde, un paseo sin prisas. Y se reactivan los recuerdos, del niño, del joven, del adulto, recolocando a nuestra propia existencia en el mundo, a nuestros sueños entre lo etéreo, buscando y encontrando sentido a la vida. Nos emocionamos con lo conseguido, añoramos la manera de disfrutar los logros, mataríamos por la inocencia perdida. Pero todo es hermoso, y natural, tranquilo y humano.

Así lo veo yo. El tiempo lento no es un problema ni un retroceso, al contrario, es un regreso a la esencia, en el que volvemos a escuchar nuestra respiración, nuestros latidos, a notar el pulso de nuestra alma y a oír nuestra pisada resonar a cada paso.

No podríamos sobrevivir sin estos procesos. Desgraciadamente, nuestra sociedad no nos permite a todos que el ciclo se complete, dejando para algunos un otoño incompleto, personas sin renacimiento, algún ser humano herido al que le costará reponerse durante la época que llegará de velocidad extrema y esfuerzo sin fin. Como un pájaro con un ala rota, que tendrá que recurrir a la medicina y a la farmacología para mantenerse en el aire y volar como sea hasta el próximo otoño.

Afortunadamente, la mayoría sí podemos detener un poco la actividad, cambiar el ritmo. No es difícil, todo a nuestro alrededor nos empuja. Es la estación de las emociones, del chocolate caliente, el preludio a la navidad y al año nuevo. La estación de la oportunidad, de la motivación, del balance tranquilo y de la reconciliación con nosotros mismos.

Al final, el otoño no viene a quitarnos nada. Sólo toma el control del volumen y baja la voz del mundo para que oigamos la nuestra. Nos permite ver como cae una hoja de un árbol y entender la belleza del cambio y del renacimiento. Todo se detiene por fuera, pero en nuestro interior no, lo que estaba parado se mueve. Y disfrutamos sin pretenderlo de dejarnos ir, de detenernos en aquello que nos hace sentir bien, de la luz de ambiente.

Es una parte del ciclo.

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Sobre el autor

Soy José Ramón Entenza, natural de Marín, en Pontevedra, Licenciado en Ciencias Físicas, Graduado en Farmacia y Licenciado en Derecho. He cursado estudios de doctorado en Inteligencia Artificial, y he publicado artículos de divulgación científica en diversas revistas especializadas y realizado numerosas ponencias internacionales de carácter científico... [leer más]

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