Saltar al contenido

La ciclogénesis de las palabras

Intercambio de ideas

Menú
  • Inicio
  • Sobre el autor
  • Microrrelatos
    • Introducción
    • Ver todos
  • Mi cuenta
  • Tienda
  • Contacto
Menú

LAS DECISIONES QUE NO TOMAMOS

Publicada el 30 de abril de 202623 de abril de 2026 por José Ramón Entenza

O de lo que dejamos de ser

Hay una parte de nuestra vida que nunca llega a existir, pero que, sin embargo, nos acompaña siempre. No se ve, no se cuenta, no se recuerda porque nunca ocurrió. Y aun así, está ahí: en cada decisión que tomamos, en cada camino que elegimos, en cada renuncia que apenas percibimos en el momento en que sucede.

Durante mucho tiempo pensamos en la vida como una acumulación. Experiencias que se suman, aprendizajes que se incorporan, etapas que se suceden. Pero con los años empieza a aparecer otra forma de entenderla, menos evidente pero quizá más precisa: la vida no es solo lo que hemos sido, sino también todo lo que hemos dejado de ser.

Cada decisión, por pequeña que parezca, cierra posibilidades. Elegir una profesión implica descartar otras. Mantener una relación implica no vivir otras vidas posibles. Permanecer en un lugar significa no habitar otros. Estas renuncias no suelen percibirse como tales en el momento en que ocurren. Forman parte natural del proceso de elegir. Pero con el tiempo, adquieren una presencia distinta. No como algo de lo que arrepentirse, necesariamente, sino como conciencia de un hecho.

En la juventud, el horizonte parece abierto. Las posibilidades no se viven como alternativas excluyentes, sino como opciones simultáneamente imaginables. Uno puede ser muchas cosas, vivir muchas vidas, tomar muchos caminos. Esa amplitud tiene algo de vertiginoso, pero también de estimulante.

Con el paso del tiempo, esa amplitud se va estrechando. No porque desaparezcan las posibilidades, sino porque las decisiones tomadas empiezan a delimitar un territorio más concreto. La vida deja de ser una colección de potencialidades y se convierte en una trayectoria. Y en ese proceso aparece, de forma casi inevitable, la percepción de lo no vivido.

No siempre como una pérdida, pero sí como una presencia silenciosa. La intuición de que podríamos haber sido otras versiones de nosotros mismos. Que, en otras circunstancias, con otras decisiones, existiría otra biografía posible.

Esta idea ha sido explorada con especial intensidad por Jorge Luis Borges, quien imaginó en sus relatos mundos en los que cada decisión genera una bifurcación, multiplicando las posibilidades hasta el infinito. En ese universo, todas las vidas son posibles, pero ninguna puede vivirse plenamente en su totalidad. La elección, por tanto, no desaparece: se vuelve aún más significativa.

También en la filosofía encontramos esta tensión. Søren Kierkegaard entendía la elección como un acto fundamental que define al individuo. Elegir no es simplemente optar entre alternativas, sino comprometerse con una forma de ser. Y en ese compromiso, inevitablemente, se dejan atrás otras posibilidades.

Esa renuncia no es un accidente del proceso, es su condición. No podemos ser todo, no podemos vivir todas las vidas posibles, no podemos recorrer todos los caminos. Y, sin embargo, durante mucho tiempo intentamos sostener esa ilusión. Queremos mantener abiertas las opciones, posponer las decisiones, evitar el cierre. Como si elegir significara empobrecer la experiencia, reducir el horizonte, limitar la libertad.

Pero quizá ocurra lo contrario. Quizá sea precisamente la elección la que da forma a la vida. Sin ella, todo permanece en un estado de posibilidad difusa. Nada termina de concretarse. Todo está disponible, pero nada es real. Es la decisión la que convierte una posibilidad en experiencia, una idea en trayectoria, una intención en vida vivida. En ese sentido, la renuncia no es solo una pérdida, es también una condición de posibilidad.

Aceptar esto no es sencillo. Implica asumir que hay partes de nuestra vida que nunca conoceremos, versiones de nosotros mismos que nunca existirán. Implica convivir con la idea de que toda elección es, en algún grado, una exclusión. Pero también libera, porque cuando dejamos de intentar abarcarlo todo, aparece la posibilidad de habitar con más claridad lo que sí hemos elegido. La vida deja de ser una comparación constante con lo que podría haber sido y se convierte en una relación más directa con lo que es.

Esto no elimina la curiosidad ni la imaginación. Seguimos siendo capaces de pensar en otras vidas posibles, de preguntarnos qué habría ocurrido si hubiéramos tomado otras decisiones. Pero esa pregunta deja de tener un peso inquietante y se convierte en una forma de reflexión, no de insatisfacción. Quizá la madurez tenga que ver con eso. No con dejar de imaginar otras posibilidades, sino con dejar de medir la propia vida en función de ellas.

Hay una serenidad particular en aceptar que no todo está abierto, que no todo es posible, que la vida que vivimos es una entre muchas, pero es la nuestra. No porque sea la mejor, ni la más completa, sino porque es la que hemos ido construyendo a través de decisiones concretas, a veces conscientes, a veces no tanto. Y en esa construcción hay algo profundamente humano: no somos la suma de todas las posibilidades, somos el resultado de haber elegido.

Como sugería José Ortega y Gasset, no somos algo dado de antemano, sino algo que se va haciendo en el tiempo, en circunstancias concretas, a través de decisiones que nos van configurando. Y en ese hacerse continuo, lo que dejamos de ser no desaparece del todo, pero deja de ocupar el centro.

Tal vez, en lugar de preguntarnos constantemente por lo que dejamos atrás, podamos empezar a mirar con más atención lo que tenemos delante. Porque no todo lo que dejamos de ser es una pérdida. A veces, es precisamente lo que nos permite ser.

Navegación de entradas

← LA PERSONA QUE SOMOS CUANDO NADIE MIRA

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Sobre el autor

Soy José Ramón Entenza, natural de Marín, en Pontevedra, Licenciado en Ciencias Físicas, Graduado en Farmacia y Licenciado en Derecho. He cursado estudios de doctorado en Inteligencia Artificial, y he publicado artículos de divulgación científica en diversas revistas especializadas y realizado numerosas ponencias internacionales de carácter científico... [leer más]

Sígueme

Boletín

Introduce tu correo electrónico para recibir nuestro boletín

Últimas entradas

  • LAS DECISIONES QUE NO TOMAMOS
  • LA PERSONA QUE SOMOS CUANDO NADIE MIRA
  • EL ARTE DE DEJAR COSAS A MEDIAS
  • LA ATENCIÓN, UN LUJO NECESARIO
  • HABITAR EL TIEMPO

Enlaces rápidos

  • Sobre el autor
  • Boletín
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Política de privacidad

Últimas entradas

  • LAS DECISIONES QUE NO TOMAMOS
  • LA PERSONA QUE SOMOS CUANDO NADIE MIRA
  • EL ARTE DE DEJAR COSAS A MEDIAS
  • LA ATENCIÓN, UN LUJO NECESARIO
  • HABITAR EL TIEMPO
  • Facebook
  • X
  • YouTube
© 2026 La ciclogénesis de las palabras | Funciona con Minimalist Blog Tema para WordPress